UN FIN PARA ELLA.
OLIVAR.
Casi tuve que esforzarme por no reír ante la audacia de mi Luna. La posesividad de Emely no era una carga, era mi motor. Miré a Tamara, que seguía esperando una respuesta, moviendo sus caderas bajo ese vestido rojo que ahora me parecía un trapo sucio.
—Estás loca, Tamara —solté, dejando que el desprecio se filtrara en cada sílaba.
Ella no se inmutó. Al contrario, humedeció sus labios y dio un paso más, acortando la distancia hasta que casi podía sentir el calor de su cuerpo.
—Por ti, Ol