OLIVAR.
Me quedé mirándola, y por primera vez en mucho tiempo, dejé que viera mi vulnerabilidad.
—Perdóname, pequeña. Siento que no te he dado la vida que mereces. Desde que llegaste, solo han sido amenazas, ataques y sangre. Te he descuidado… he descuidado lo nuestro. No hemos tenido tiempo para conocernos de verdad, para decirnos cosas que no tengan que ver con la supervivencia. Quiero disfrutar de mi relación, quiero disfrutar de ti sin tener un arma en la mano.
Emely suspiró, y sus ojos se