EMELY.
Sentí el frío del mármol y el metal bajo mi cuerpo, una sensación que contrastaba con el calor sofocante que emanaba de mi vientre. A mi alrededor, el sonido de las máquinas era un recordatorio constante de mi fragilidad humana, mientras que el olor a incienso y sangre hablaba de algo mucho más antiguo y peligroso. Estaba aterrada.
Kasidy me sostenía la mano con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos. Podía ver el miedo reflejado en sus ojos, el mismo que sentía la doctora, quien n