EMELY.
La doctora me miró con una mezcla de horror y lástima, mientras Olivar se quedaba petrificado a mi lado, como si mis palabras le hubieran dado un golpe físico en pleno pecho. Ella abrió la boca para replicar, para darme más estadísticas o riesgos médicos, pero yo levanté la mano para detenerla.
—Piénselo bien, Emely... —empezó ella con voz trémula.
—Ya lo hice —la corté, y mi voz sonó más contundente de lo que yo misma esperaba—. Es la criatura o yo, y lo elijo a él.
El silencio que sigu