EMELY.
Sentí que el aire se espesaba cuando él cerró la puerta. Me quedé helada junto a la ventana, intentando que mis piernas no temblaran mientras aquel hombre se acercaba con la elegancia de un depredador. Sus palabras no tenían sentido; hablaba de "territorio" y de un mundo que se había terminado, como si estuviéramos en una película de ciencia ficción.
—¿Por qué yo? —logré preguntar, aunque mi voz me traicionó con un leve hilo de miedo—. Hay miles de mujeres ahí fuera. ¿Por qué me arrastra