EMELY.
Me preparé con movimientos lentos, tratando de calmar los latidos de mi corazón. Me apliqué crema en la piel, sintiendo la suavidad bajo mis dedos, y me ajusté el cabello frente al espejo hasta que quedó en su sitio. Elegí un vestido holgado que me llegaba justo arriba de las rodillas, lo suficientemente cómodo para moverme rápido si era necesario, y me puse una chaqueta encima para protegerme del frío de la mañana.
Me miraba en el espejo, reconociendo a una Emely que ya no era la misma