SENTENCIA DE MUERTE.
EMELY.
Arles se sentó frente a mí. Tenía un corte en el labio y un hematoma amarillento en el pómulo izquierdo que intentaba ocultar con el cuello de su chaqueta. Me saludó con una sonrisa amable, como si los últimos meses no hubieran sido un infierno.
—Hola, Emely. Te ves... diferente —dijo, recorriendo mi rostro con la mirada.
—¿Qué te pasó en la cara, Arles? —pregunté directamente, señalando los golpes.
Él bajó la vista y soltó una risa nerviosa, frotándose la nuca.
—Tuve un altercado con un