Esa noche, durante la cena, Olivia no se sintió bien. Xandro parecía preocupado y, ante la insistencia de Alekos, no le quedó otra que confesar:
— Olivia está embarazada —dijo Xandro.
Todos los felicitaron.
— ¿Y la boda para cuándo? —preguntó Alekos.
— Más adelante —respondió Xandro sonriendo, algo nervioso.
— Exigimos una pedida de mano, caso contrario pensaré que el último hombre romántico se lo llevó Penélope —dijo Helena.
— Yo soy romántico —dijo Alekos.
— No, señor. No eres romántico. Me arrastraste hasta el escenario para pedirme matrimonio —dijo Dakota.
— Pero estaba enojado, me pusiste en una situación difícil —dijo él.
— ¿Cuándo me das flores o traés serenatas? —preguntó Dakota.
— Te regalo joyas. Papá, tu hacías eso con mamá… eso cuenta.
— Pero también le llevaba flores y serenatas —dijo Stavros—. Y la sacaba a bailar.
— No recuerdo nada de eso —dijo Alekos muy serio.
— Porque siempre andabas correteando alguna chica —dijo Helena.
Todos comenzaron