Alekos esperaba en la habitación cuando trajeron a Freya.
—Alekos, cariño… siempre tan guapo —dijo ella.
Él arrojó la carpeta sobre la mesa. Freya la tomó.
—¿De quién es? ¿De Charles o de Robert? —preguntó Alekos.
—Es tuyo, cariño —respondió ella.
—No voy a aguantar tus estupideces. Dime lo que sabes o me largo de aquí.
—Si te vas, no sabrás lo que pasará con esa puta que llamas esposa —gritó Freya—. Pero dije que daría información, y la voy a dar.
Detrás del vidrio, un equipo grababa.
—Busqué a tu cuñado cuando estaba en la cárcel para aliarnos. Cuando supe que te casarías, iba a matarte. A ella también. Pero justo cuando iba a hacerlo, Robert intervino y te salvó. Me llevó a una cabaña en un bosque y me golpeó. Luego me mostró el cadáver de la enfermera que yo iba a reemplazar. No tuve nada que ver con la fuga. Yo solo tuve sexo con el custodio. Días después escapé. No sé dónde están ni qué harán. Me habían dicho que te querían muerto y que iban a secuestrar a Penélope. Iban