Alekos se encontraba en su penthouse. Caminaba de un lado al otro, repitiendo mentalmente cada palabra que le había dicho su padre. ¿Por qué no podía apoyarlo? ¿Acaso no veía que Dakota lo había separado de su hija durante tanto tiempo?
¿Por qué todo tenía que complicarse tanto? Se dio una ducha rápida y decidió visitar a Calista. Ella merecía una explicación.
En el aeropuerto, Freya pensaba en cómo actuaría a partir de ese momento. ¿Sabría Alekos cómo había amenazado a aquella idiota? No, si él lo supiera, ya la habría despedido. ¿Cómo lograría que Alekos saliera de Grecia? ¿Sería conveniente asistir al cumpleaños de Stavros?
Tendría que actuar con cautela.
Se acercaba la hora de la cena. Stavros cenaría con sus invitadas, su nieta y Helena.
Le había pedido a su hija menor que tratara con cortesía a Dakota. La cena transcurrió tal como él lo esperaba. Conversaba animadamente con Teresa, y para todos fue una velada agradable.
Irina ya se había retirado porque tenía sueño.
—¿Y mi papá