No podía creer que Dakota lo había escuchado, es que estaba tan enojado con su padre que habló sin pensar. Después de mucho reflexionar, tomó una decisión: iría a la casa de su padre. Agarró su moto y se fue.
Entró por la playa para que nadie viera que estaba ahí. Observó la habitación de su padre: luces apagadas, señal de que dormía.
Siguió caminando hasta que vio una sombra que cruzaba por el jardín. Se quedó oculto entre las plantas; no podía distinguir quién era, ya que iba encapuchada. Siguió a la sombra hasta la playa.
Dakota no podía dormir. Había tenido una pesadilla con Irina; solo de recordarlo le daban escalofríos. Se había asomado al balcón en busca de aire. “¿Sería tan malo pasear por la playa?”, pensó. Tomó su bata, se la colocó y bajó las escaleras. Caminó por el jardín; se sentía tan bien: el aire, el silencio.
Decidió bajar a la playa. Se quitó los zapatos y comenzó a caminar por la arena; estaba un poco oscuro, así que avanzó despacio.
Llegó hasta la orilla y sintió