Epilogo

El campo de batalla estaba en silencio.

No ese silencio limpio de la paz, sino el sucio, el denso, el que viene después del grito más fuerte. Un silencio que carga los nombres de los que ya no están.

Las brasas aún chispeaban entre los escombros. El altar del Abismo, destruido. El árbol prisión donde Nyara dormía atrapada, brillaba con una luz débil. El cielo, antes oscu

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