El plano estaba en ruinas.
No era un espacio físico ni tampoco una ilusión completa. Era un entretejido de lo que alguna vez había sido real, un fragmento muerto del mundo antes del Velo. Piedras flotaban en el vacío, conectadas por hebras de magia quebrada. Todo estaba envuelto en una luz oscura, como si el propio tiempo se hubiese desangrado.
Kael aterrizó primero, con los músculos tensos y la espada a la espalda. Sareth llegó un segundo después, pero algo en su rostro ya estaba distinto. Más