El portal se cerró tras ellos con un chasquido seco, como si el plano mismo sellara una herida que había sangrado demasiado. La luz del Saelith desapareció, y el suelo bajo sus pies volvió a sentirse sólido.
Sareth cayó de rodillas, aún abrazando a Eidan. Kael se inclinó junto a ella, con el corazón latiéndole a un ritmo imposible. Pero antes de que pudieran hablar, una onda de magia los rodeó.
—¡¡EIDAN!! —la voz de Elena estalló como una orden.
A pocos metros, ella corría hacia ellos con los o