Lucía y Amadeo se detuvieron frente a un arco de piedra.
Él la miró como si cada centímetro de su rostro fuera nuevo.
—¿Sabés? A veces pienso que el mundo se está cayendo a pedazos solo para obligarnos a elegir.
¿Quieres vivir o solo sobrevivir?
Lucía levantó una ceja.
—¿Y tú qué elegis?
—A ti, siempre a ti.
Y si puedo, un hogar. Uno real.
Un lugar donde no tenga que empuñar una espada cada vez que alguien toca la puerta.
Lucía tragó saliva. Quiso decir algo, pero el nudo en la garganta no la d