—Debo irme.
La voz de Camely —disfrazada bajo el nombre de Conny— salió más firme de lo que realmente se sentía.
Por dentro, todo en ella temblaba.
Zacarías dio un paso hacia ella y, antes de que pudiera apartarse, tomó su mano.
El contacto fue un golpe directo al corazón. Él aún creía que ella era Conny, una mujer ajena a su pasado, una desconocida que, sin saber cómo, se había vuelto demasiado cercana.
Al mirarla a los ojos, Zacarías vio el brillo de las lágrimas acumulándose, a punto de desbordarse. Con un gesto instintivo, casi desesperado, levantó la mano y limpió una que escapó por su mejilla.
—¿Por qué lloras? —preguntó con suavidad—. ¿Es por Camely?
La pregunta la atravesó como una daga. Su pecho se oprimió de inmediato, el aire se le volvió insuficiente.
Sí, lloraba por Camely… por la mujer que había sido, por la vida que le habían arrebatado, por el amor que seguía vivo, aunque ella se negara a aceptarlo. Quiso besarlo. Lo sintió con una claridad aterradora. Su amor la traici