La policía llegó muy rápido, con las sirenas rasgando el aire tenso de la tarde.
El sonido de las patrullas estacionándose frente a la mansión Delmar no logró calmar los nervios de los presentes; al contrario, acentuó la gravedad de lo que acababa de ocurrir.
Avana estaba profundamente asustada, con el cuerpo todavía temblando por el enfrentamiento físico y verbal que acababa de sufrir.
Sostenía a su hijo contra su pecho como si alguien fuera a arrebatárselo en cualquier segundo.
En medio del c