Afuera, el aire estaba cargado de tensión, como si el mundo mismo presintiera que algo irreversible estaba a punto de ocurrir. Carlos forcejeó con los guardias que intentaban sujetarlo, su respiración era agitada, sus ojos ardían de rabia y desesperación. Sentía que todo se había derrumbado de golpe, como un castillo de arena arrasado por una ola cruel.
—¡Suéltenme! —rugió con la voz quebrada, sacudiendo los brazos con violencia.
Los guardias dudaron un segundo, sorprendidos por su furia descont