Agustín solo escuchaba el llanto de Karina.
No decía nada. No tenía palabras.
El sonido de ese llanto era suficiente para entenderlo todo.
El médico ya se lo había dicho. Todos lo sabían.
Al final, no pudieron salvar a la bebé.
Karina estaba sentada en una silla del hospital cuando recibió la noticia. Sus manos temblaban y su mirada estaba perdida. Había pasado tantas horas esperando un milagro que su mente parecía incapaz de aceptar la realidad.
La pequeña había recibido el trasplante. Habían h