Zacarías la miró con detenimiento, como si intentara atravesar cada una de sus defensas.
—¿Por qué no? —preguntó al fin, con una calma que no engañaba—. ¿Acaso tienes alguna razón por la que no deba casarme?
Las palabras cayeron como un golpe seco.
Camely sostuvo su mirada, pero por dentro se estaba desmoronando.
Quería hablar. Necesitaba hacerlo. Sentía la urgencia de gritarle la verdad, de arrancarse el peso que llevaba en el pecho desde hacía tanto tiempo.
Las palabras se agolpaban en su garg