Ella fue quien rompió el beso.
Lo hizo de forma brusca, casi violenta, como si el contacto le hubiera quemado los labios, como si ese instante hubiera removido algo que llevaba demasiado tiempo sepultado bajo capas de negación y miedo.
Se apartó apenas unos centímetros, pero la cercanía seguía siendo asfixiante.
Sus rostros quedaron frente a frente, tan cerca que podía sentir su respiración chocando con la suya, pesada, irregular, cargada de alcohol, de recuerdos compartidos y de una tristeza qu