La loba que nadie apreció.
Narra Raphael:
Nunca había sentido tanto asco en una sola noche.
Vincent Moreau obligó a Camille a quitarse el vestido frente a todos. La tela negra, manchada de crema y sangre, cayó al suelo con un susurro patético. Allí estaba ella: desnuda bajo la luz cruel de las antorchas, con la piel marcada por los latigazos, las curvas suaves, perfectas y generosas que Vincent acababa de insultar, y esos ojos grises llenos de lágrimas que se negaba a dejar caer del todo.
Mi lobo interior rugió. Aquella