El precio de la ambición. Parte 2.
Aun así, una sonrisa amarga curvó mis labios. Sería un Moreau. Tendría mi sangre, mi apellido, mi derecho a reclamar estas tierras. Su legado estaba asegurado. Nada, ni la debilidad de su madre, ni las intrigas de las demás manadas, ni siquiera la incertidumbre de los tiempos, podía cambiar eso. La línea sucesoria continuaba, y eso era lo único que realmente importaba al final de la jornada.
Volví mi atención al mapa. Los Aquarius seguramente habían cerrado sus puertas, pero el mundo era vasto