Mundo ficciónIniciar sesiónNarra Camille:
Algo dentro de mí se quebró…aunque ya lo sabía, todo aquello me pareció insoportable, y sentí como si me faltara el aire.
Toda mi vida existí a la sombra de mi hermana gemela…la que si era hermosa, la que si era perfecta en todos los sentidos, según mi padre.
—No. — dije sintiendo como me temblaba la voz de miedo. — No voy a ser la sirvienta de mi hermana, Vincent me marcará y como mi compañero, él no debe de serme infiel, o la marca se desvanecerá…esa es la ley del lobo, si el me traiciona ya siendo su luna, tengo derecho a recuperar mi libertad… y cuando eso pase, yo me marcharé lejos de ellos, no quiero soportar la humillación de ser la luna de una manada que vive sometida a la voluntad de su gemela, la amante de mi lobo. — dije sin pensar, como cuando un saco finalmente se rompe después de tanta presión.
Mi padre se levantó en ese momento de su silla, y un golpe secó resonó en el silencio…me había abofeteado.
—Tu no eliges tu destino, eres mi hija lo quieras o no, y aunque me avergüenzo de ti, soy yo quien decide lo que harás con tu vida, tu hermana es la mujer que debió de nacer primero, y si no fuera por la ley del lobo, tu no hubieras tenido jamás la oportunidad de aparearte con alguien, solo mírate, eres un cerdo, asquerosamente gorda, no vales nada por ti misma, tu único valor yace en tu vientre. Lárgate ahora mismo, o te ira peor. — me dijo con tranquilidad, pero con su evidente ira emanando.
Mordiéndome el labio, apreté los puños hasta que mis nudillos de volvieron blancos, y salí de allí.
Era verdad, no había manera en que pudiera oponerme a la voluntad de mi padre.
Corriendo hacia mi habitación, cerré la puerta con cerrojo para que nadie me importunara, y lloré tan amargamente como nunca antes lo había hecho.
No quería esta vida, no quería ser la luna de Vincent…todo lo que quería, era ser libre de verdad. Abriendo los ventanales de mi alcoba, caminé hacia el balcón, y pude ver el brillo de las luces de la ciudad humana que se hallaba más delante de las tierras de mi padre, y sentí un enorme deseo de escapar, de olvidarme de todo…de todos, y sin pensarlo realmente, me aseguré de que no hubiese nadie mirando, y salté desde arriba comenzando luego a correr hacia los bosques.
Corrí y corrí tan lejos, sin realmente darme cuenta de hacia a donde iba; tan solo quería escapar de allí, quería sentir el aire puro llenando mis pulmones, y sin planearlo, llegué hasta aquel pueblo; había música, una boda humana se estaba celebrando, y nadie pareció notar la presencia de una completa extraña.
Caminé ocultando mi rostro entre las personas que celebraban en la plaza del pueblo, y noté como aquella pareja irradiaba una luz tan hermosa, que sentí envidia de ellos. Se amaban, se notaba a kilómetros, y propios extraños los felicitaban y deseaban una feliz vida matrimonial…y yo no pude evitar sentir envidia de ellos, de ese amor sincero, de su felicidad, pues aquello era algo que jamás tendría para mí misma.
Saliendo de aquella fiesta, me aproximé hacia el bar del lugar, estaba lleno de personas que bebían y celebraban, y sintiendo un escalofrió recorrer mi cuerpo entero, comprendí que no debía de estar allí; iba a unirme a Vincent al día siguiente, y mi vida entre las sombras permanecería tal cual lo había hecho siempre.
Las miradas en aquel bar, durante un momento, se concentraron en mí, pero inmediatamente todos volvieron a sus propios asuntos, pasando de mi como lo hacía todo el mundo. Yo no era hermosa, era gorda, simple, no había nada destacable en mi ser ni era lo suficiente persona para llamar la atención, así que aquello no me irritó, pues era lo normal. Sin embargo, entre aquel tumulto de personas, el olor de un igual (un lobo) me llegó a la nariz…y entonces vi a aquel extraño de cabellos rubios y ojos de color agua marina mirándome fijamente.
Instintivamente me cubrí el rostro con la capucha de mi suéter, y caminé a la barra, no traía dinero alguno conmigo para comprar nada, pero estar lejos, de alguna manera, me hacía sentir calma…aunque sabía que tenía que volver.
—¿Una cerveza? — me ofreció aquel completo extraño que se acercó a mi sin que yo reparara en su presencia a mi lado hasta ese momento, y sus ojos aguamarinos me resultaron familiares de algún lugar, pero mi memoria no reconoció.
Jamás en mi vida había bebido alcohol; menos aun el alcohol humano, que, según mi padre, tenía el terrible poder de sacar lo peor de las almas. Sin embargo, la amargura me dominó, al día siguiente me casaría, me tomarían, me marcarían, y el resto de mi vida lo pasaría oculta como una simple sirvienta viendo como mi hermana gemela, una vez más, tomaba todo para sí misma mientras Vincent seguiría humillándome por mi sobrepeso.
Invisible ante todos, humillada por gorda, y ante la rabia de mi cruel destino, por primera vez, decidí.
—¿Por qué no? — respondí aquello más para mí misma que para aquel extraño.
Tomé aquella cerveza caliente, y la bebí de un solo trago, me sentí mareada casi al instante, pero el escozor en mi garganta quería más…pues, de alguna manera, me sentía libre…
—Otra más…— dije sin pensar, y aquel hermoso extraño, me sonrió, y hablando algo con el hombre de la barra, me sirvieron otra, y después otra más, y otra, y otra…aquella sensación, el mareo, el sentir como si mi cuerpo no pesara, como si mi alma mareada y adormecida fuese completamente libre, me dio valor.
—¿Y que hace aquí un lobo de una manada extraña? Tu aroma me resulta familiar, pero no te reconozco de ningún sitio. — cuestioné a medio mareo.
—Vengo hasta estas tierras a presenciar como la mujer con la que hice una promesa, une su vida a la de otro. — me respondió con tristeza.
—Seguramente ella es una mujer hermosa, tanto como para hacer venir a un lobo extranjero desde tan lejos. — dije con simpleza, pero el, tan solo me miró.
—¿Cómo te llamas? — me cuestionó el extraño, cuyo rostro comenzaba a verse borroso.
—Camille…soy Camille Auclair, la primogénita de mi manada…y mañana uniré a mi vida a la de un hombre al que odio y que me odia… — dije sin pensar.
Aquel hombre me dio una mirada cargada de curiosidad, como si mi historia le pareciera realmente interesante.
—¿Por qué alguien odiaría a una mujer tan hermosa? Mas aun su prometido. — me cuestionó.
Yo solté una risa seca, amarga.
—¿Acaso no mira bien señor lobo? Soy una vaca inmensa, no soy hermosa, tengo rollos en el estómago, unas caderas demasiado anchas, nadie quiere estar con una cerda como lo soy yo…y Vincent Moreau se queda conmigo tan solo porque tuve la desdicha de nacer como la primogénita de los Auclair, pero el ama a mi gemela, Juliette si es hermosa, perfectamente delgada, sin ningún desperfecto en su haber, tan solo su belleza y fragilidad que vuelven loco a cualquiera. Solo seré una compañera para parir a un descendiente, y luego de eso, tendré que mirar como mi hermana y mi pareja son felices en mis narices mientras limpio sus sabanas y cocino para ellos…ese es el destino que mi padre decidió para mí por ser una maldita gorda de la que se avergüenza. — respondí sin filtros y con amargura ante aquel extraño que jamás podría tener idea de mi vida.
Aquel hombre resopló.
—Frente a mí no veo a una mujer como la que describes…solo a una dama con el corazón roto, y tan hermosa y perfecta, que es una lástima que no se dé cuenta. — dijo con firmeza mientras sentía su mirada recorriendo cada curva en mi cuerpo.
Me reí de aquella respuesta.







