Mundo ficciónIniciar sesiónNarra Camille:
—De verdad creo que necesita anteojos señor. O quizás la cerveza le ha hecho ver belleza donde tan solo hay fealdad. — respondí.
Sin embargo, en ese momento, sentí como aquel extraño se acercaba a mi peligrosamente.
—No vuelvas a cuestionar lo que digo, Camille. — me dijo con seriedad, y su presencia fue tan fuerte, que me sentí intimidada.
—Señor, ¿va a pagar la cuenta? — interrumpió el barista.
En ese momento recordé que no llevaba dinero conmigo, ni humano, ni oro.
—Yo…no tengo con que pagar. — respondí.
Aquel hombre soltó una risa divertida, y yo me sentía tan mareada que apenas lograba sostenerme en pie. Repentinamente, sin embargo, sentí como aquel extraño me tomó de la cintura, y su aliento caliente chocó contra mis labios.
—No tienes que preocuparte, sé muy bien cómo puedes pagarme…Camille. — dijo sin más, y luego, me besó apasionadamente en los labios, sacándome de aquella barra, y llevándome hacia el centro del bar en donde sostuvo mi cintura con firmeza.
Aquel hombre me sostuvo con firmeza por la cintura, y su mirada cargada de fiereza, que apenas alcanzaba a notar en medio de mi mareo, me dijo que no me permitiría escapar.
—¿Qué es lo que hace? — cuestioné con un poco de temor, mezclado con un calor desconocido que me recorría desde el vientre hasta las mejillas.
En ese momento sentí como aquel hombre pegó su cuerpo con el mío, y noté la enorme diferencia entre nuestras estaturas, así como la firmeza de sus músculos…y algo más sobre mi vientre. Su aliento caliente chocó contra mi oreja, y con una voz ronca y cavernosa, me susurró.
—Vas a pagarme esas cervezas Camille, y no vas a resistirte. —
Sentí como si una descarga caliente me recorriera el cuerpo, naciendo desde mi feminidad y llegando hasta mis plantas. Aquel hombre tenía una presencia fuerte, tanto que no fui capaz de oponerme. La música sonaba fuerte, chocando contra mis oídos logrando marearme aún más, y aquel hombre comenzó a bailar conmigo, pegando por completo su cuerpo con el mío, y recorriendo con sus enormes y fuertes manos desde mi cintura hasta el nacimiento de mis caderas.
Yo no sabía bailar, pero mi cuerpo respondía solo; tal y como si tuviese una mente propia. Mis caderas, instintivamente, se pegaron a las de él cuándo me elevó en el aire, y sentí la virilidad masculina de aquel extraño sobre mi propia intimidad cubierta por la ropa. Sus manos se aferraban a mi cuerpo, y durante un momento en donde la música nos hizo pegarnos el uno al otro todavía más, sentí como si estuviera haciendo el amor con aquel extraño, y aunque sabía que aquel bar estaba lleno de personas, no me sentí apenada en lo absoluto…y jamás antes me sentí tan libre en ese momento.
Todo el mundo había desaparecido, y tan solo pude sentir las manos de ese hombre caliente recorrer mi cuerpo lo suficientemente atrevido para experimentar calores sofocantes, pero tambien tan recatado para no tocar más allá de lo debido con sus manos.
La música seguía sonando, y sin darme cuenta en qué momento, me vi envuelta en la obscuridad de la noche fuera de aquel bar y en un callejón completamente obscuro.
El viento helado me golpeó el rostro, y estaba tan mareada que ni siquiera lograba sostenerme en pie, sin embargo, el hombre del bar me sostenía con firmeza…y solo por eso yo no había terminado completamente en el piso.
—Eres hermosa, Camille, no vuelvas a insultarte diciendo palabras tan duras hacia ti misma… — me dijo aquel extraño, pero aun teniendo su rostro frente al mío, no lograba distinguir sus facciones.
—¿De verdad lo crees? — le cuestioné sintiendo mis sentidos completamente alterados por al alcohol.
—Lo creo, y lo afirmo. — me respondió.
No pude evitar soltar una risa ante aquella respuesta que me pareció tan sincera.
—Entonces, bésame. — le respondí hablándole de tu, y sintiéndome completamente traviesa y atrevida en ese momento.
Sin escuchar una respuesta, sentí como los calientes labios de aquel hombre, devoraban los míos con un hambre tal que me sentí acalorada. Mi feminidad palpitó, y sentí como mi loba interior se removió como un gatito ronroneando.
Mis manos se enredaron en los sedosos cabellos de aquel hombre caliente, y mientras sus labios seguían devorando a los míos sin piedad, sentí como sus manos comenzaban a acariciar el nacimiento de mis caderas sin atreverse a llegar más allá, pero con la ansiedad de un lobo hambriento que deseaba devorar a su presa.
Sintiéndome deseada, con mis propias manos guie las de él hacía mis nalgas, dándole el permiso de tocar más de lo que jamás nadie me había tocado antes.
En ese momento escuché como el soltó un gruñido bajo, y mi loba interior se agitó en respuesta.
Desee ser suya, desee que ese extraño me tomara y me marcara…desee que me salvara de ese miserable de Vincent.
Cuando nos separamos de aquel intenso beso y toqueteo para respirar, mis labios susurraron.
—Sálvame… — musité. — Sálvame de Vincent Moreau, y conviérteme en tu luna. — dije sin razonar mis palabras, completamente embriagada por el alcohol…completamente embriagada por los besos de aquel hombre.
—Es una promesa…mi Camille…tu, eres solo mía. — me respondió.
En ese momento, sentí como mi cuerpo perdió fuerza, y todo se volvió negro.
La luz del sol se coló desde mis ventanales abiertos, y yo desperté en mi cama.
Acaso todo lo que pasé con aquel extraño de cabellos rubios cuyo rostro no logré recordar, ¿Fue solo un sueño? Me cuestioné. Sin embargo, al incorporarme en mi cama, noté algo bajo la palma de mi mano.
—¿Qué es esto? — cuestioné para nadie.
Aquello era un broche de oro y rubies, que tenía la inicial L en el centro, y dos lobos perfectamente hechos en los bordes, sujetaban cada una perla que colgaba hacia abajo. Era precioso, pero definitivamente no pertenecía a las joyas de mi familia…sin embargo, el aroma que desprendía me resultó extrañamente familiar…similar al de aquel extraño.
En ese momento, las puertas de mi habitación se abrieron, y mi padre entró a mis aposentos.
—Será mejor que estes lista, comienza a prepararte para tu boda con Vincent. — me ordenó.







