Alisson sintió que su corazón se detuvo. Tomó aire por la boca y siguió a Christopher fuera del helicóptero. Segundos después, salieron de la azotea y se adentraron en el ascensor. Los minutos en aquel aparato fueron como décadas para Alisson. Sentía sus pantis cada segundo más húmedos y una calentura en su vientre que amenazaba con consumirla. Cuando el ascensor se abrió y mostró un emblemático restaurante, casi se persignó por las cochinas ideas que habían pasado por su mente.
—¿Venimos a com