Alisson permanecía recostada sobre la almohada, aún con el cuerpo pesado, pero su mente empezaba a hilar cada palabra que había escuchado momentos antes. Una duda punzante se incrustó en su pecho, como si de repente el aire se hubiera espesado.
Sintió que el mundo giraba a su alrededor. Su respiración se volvió errática, un dolor agudo atravesó su pecho y el corazón le latió tan fuerte que podía escucharlo retumbar en sus oídos.
—¿Qué… qué estás diciendo? —preguntó, con los labios temblorosos,