La suite del hotel estaba silenciosa, con las luces tenues reflejándose en las copas de cristal. Nora se encontraba sentada en un sillón de terciopelo oscuro, con una pierna cruzada sobre la otra, sosteniendo una copa de vino entre los dedos. El borde rojo del labial marcado en el cristal contrastaba con el blanco impecable de su bata de seda. Afuera, la ciudad parecía dormida, pero dentro de aquella habitación, la tormenta apenas comenzaba.
Un par de golpes secos sonaron en la puerta. Ella no