El espejo no mentía.
Alisson respiró hondo frente a él, con el corazón palpitando con tanta fuerza que podía sentirlo en la garganta. Las manos le temblaban apenas, pero lo suficiente como para que no pudiera mantenerlas quietas sobre su regazo. Sus dedos resbalaban entre sí, sudorosos, incontrolables.
El vestido blanco caía con suavidad sobre su cuerpo, delineando su silueta sin demasiados detalles, pero eso no importaba. No necesitaba encajes ni bordados para sentirse vulnerable. Bastaba con