La noche se había enfriado, pero no lo suficiente como para apagar el calor que Ryan llevaba acumulando desde que vio a Julie reírse, morderse el labio y aplaudir en ese maldito club.
No había dicho mucho cuando salieron. Apenas le había tomado la mano con fuerza y la guió hacia el auto como si tuviera miedo de que escapara.
Julie, lejos de asustarse, disfrutaba esa tensión. Podía sentir cómo la mano de Ryan, dura y tibia, la apretaba más de lo necesario.
—Estás muy callado —susurró ella, con e