El silencio en el auto era espeso, cargado de electricidad y algo más oscuro que el orgullo herido: deseo contenido, rabia y un fuego que no sabía si quería devorarla… o castigarla.
Alisson tenía los brazos cruzados sobre su pecho, la mirada al frente, el rostro encendido no solo por la vergüenza, sino por la tensión que él no dejaba de cargar sobre sus hombros con cada maldito segundo.
Christopher no decía una sola palabra.
Sus nudillos marcaban el volante con fuerza.
Ni siquiera el guardaespa