Christopher no dijo nada. Solo observó a Ryan con seriedad, notando la furia incontrolable en su mirada. En silencio lo siguió hasta el garaje. Ryan abrió la puerta del auto con brusquedad y se subió al volante. Christopher tomó el asiento del copiloto sin preguntar, como si supiera que nada detendría a Campbell.
El motor rugió y el auto salió disparado hacia la carretera. Durante el trayecto ninguno de los dos habló. El silencio era pesado, cargado de tensión. Ryan conducía con los nudillos b