Un silencio intenso, casi opresivo, se apoderó de las cuatro paredes de aquella oficina ejecutiva. Un silencio que solo era interrumpido por las respiraciones de los presentes. Alisson sonrió con perversidad, orgullo y un morbo embriagador.
—¿Tú? ¿Eres la socia que compró las acciones de la empresa? ¡Esto debe ser una broma! —exclamó Nora, abanicándose la cara con la mano.
Alisson rodó los ojos y se sentó en la silla principal con una mirada de superioridad que helaba, mientras Aniela la fulmi