El sabor a whisky le quemó la garganta, pero Julie no hizo ni un gesto. Estaba en una esquina del salón, sentada sola, con las piernas cruzadas y la mirada perdida en algún punto entre el reflejo de las luces y las sombras que le pesaban en el pecho.
El baño había sido su única cueva. Lo que pasó ahí, con Ryan, la había dejado temblando por dentro… y vacía por fuera.
Tomó otro sorbo. El vino ya no era suficiente. Había probado un cóctel de frutas con vodka, después tequila, y ahora el whisky. C