Jackson no era un mal bailarín. En realidad, era terriblemente bueno en casi todo lo que hacía. Con cada movimiento, Alisson sentía que estaba bailando con un muy buen amigo incluso con un hermano… o al menos con alguien que tenía una simpatía natural que le resultaba imposible de ignorar.
—¿Y tú? —preguntó ella, divertida—. ¿De verdad te cae mal mi marido?
Él levantó una ceja, divertido por lo directa que era. Su sonrisa era calma, relajada, sin ese filo arrogante que a veces se le escapaba si