Mundo de ficçãoIniciar sessãoDakota o Atenea no son más que un alias al cual tuvo que aferrarse para salvar su vida. Una estafadora y muchas jugadas harán que el gran temerario oficial de la Interpol, Deimos Wolf, quien hace honor al representar el nombre del dios del terror. El oficial Wolf es el mejor al momento de capturar a todo tipo de mafiosos y maleantes, pero jamás pensó que una mujer haría que sufra al perseguirla, sin saber qué estaba demasiado cerca. Dos vidas, un secreto y muchas jugadas como el ajedrez hará que un amante de la ley y una estratega crucen sus vidas para siempre. No te enamores o lo perderás todo.
Ler mais—¿Estás segura de que estuviste aquí todo el tiempo?—Puedes decirle a mi casero que te enseñe las cámaras.—No será necesario.—Si lo es, ya que parece que me acusas de algo que no he cometido.—No dije…—Estaba agotada y más por tener que haber fingido ser tu pareja en tus cumpleaños, fue muy, pero muy agotador y sigo furiosa por ese beso. No debiste hacerlo, así que lo siento mucho, jefe. Lamento que mi cansancio físico, pero, sobre todo, mental, me hicieron caer en un sueño profundo. Ahora vete.—¿Es esa la manera de hablarle a tu jefe?—No me importa. No estamos en el trabajo, así que técnicamente no tengo por qué obedecerte o respetarte, soy libre de expresarme en mis tiempos libres. Ya saber dónde queda la puerta.Estaba por pasar por su lado, pero el muy infeliz se cruza en mi camino y eso me molesta demasiado.—Mi casa, mis reglas.—No me interesa que sea tu casa o tus reglas.—¿Qué demonios quieres para que me dejes ir para recuperar mi sueño perdido?—Dijiste que despertast
—Dije que fueras a ver si ha llegado el gran señor, no que te quedes viendo a mi conquista con esa mirada. Ella es mía esta noche, después podrá ser tuya.—Lo siento, señor, volveré en un minuto.Lo vemos irse muy dudoso y luego se dirige a mí con el buda en la mano.—Es precioso.—¿Te gusta?—Es lindo.—Puedo darte muchas cosas como estás si aceptas ser mi amante. ¿Qué dices?—¿De verdad?—Por supuesto.—Vaya, suena interesante.—Tendrás todas las joyas que quieras. ¿Te gustaría tocarlo?—¿Puedo?—Toma.Recibo el buda bajo la atención de los tres hombres y sonrío lo fácil que ha sido engañarlos. Este hombre es un completo estúpido. Es al único que se le ocurre tener un buda de oro y diamantes sin tener suficiente seguridad y además me ha entregado el buda sin esfuerzo.—Este buda vale millones, está hecho de oro y diamantes puros. Es precioso.—Lo es. Muy hermoso.—Señor…En el momento en que él se va a dar la vuelta para ver a su compañero de bebidas, me quita el buda y lo guarda en
Tomo a la mujer de la muñeca y le sonrío. Ella me regresa la sonrisa, pero intenta zafarse de mi agarre. —Sabes aún hay algo que me gustaría discutir contigo. —¿De qué quieres hablar? ¿Tienes alguna duda sobre el matrimonio? —No. La verdad es que no, pero si tengo una duda sobre ti. —¿Qué duda? —¿A qué grupo de mafia perteneces? Mi pregunta la confunde y cuando cae en cuenta de que la hemos descubierto deja de sonreír e intenta atacarme. Ambas nos atacamos mutuamente. —Eres buena peleando, lo admito. También admito que eres inteligente al descubrirme. —Gracias por el halago, también eres buena peleando, pero no tan inteligente como yo. —Bruja. Patadas y más puños es lo que nos acompañan como si se tratara de un baile nada elegante, sino más bien algo tipo punk. Consigo dejarla noqueada tras arrojarla con mucha fuerza contra la pared. Compruebo que está inconsciente y me pongo de pie para analizar mi estado a través del enorme espejo que allí había. Me arreglaba mi vestido cu
Estaba tan rígida por ese beso que mi respuesta parecía la de un robot. Richard disimulaba saludando a un conocido que pasó por su lado para darnos el espacio que los «amantes» suelen necesitar. Alguien extraño pasa por nuestro lado y se queda a solo dos pasos de distancia hablando con otro hombre. Coloco mi mano sobre su pecho, pego mi cuerpo al suyo y le susurro cerca a los labios. —Deberías comportarte un poco, estamos en un espacio lleno de personas, deja eso para cuando estemos en casa y en nuestra intimidad, sabes que no me gustan estas acciones frente a los demás. —Lo siento, me dejé llevar. Esta vez sí que finjo organizar su corbata, pero en realidad la aprieto un poco y sonrío. —Está bien mientras reconozcas tus errores, lo dejaré pasar por ser tu cumpleaños. —Gracias, eres muy amable. —No hay de qué. Finjo enojarme por haberme dado ese beso frente a tantas personas. Aunque, viéndolo bien, no había necesidad de fingir, ya que estaba supremamente enojada. —Iré al baño
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