—Dije que fueras a ver si ha llegado el gran señor, no que te quedes viendo a mi conquista con esa mirada. Ella es mía esta noche, después podrá ser tuya.
—Lo siento, señor, volveré en un minuto.
Lo vemos irse muy dudoso y luego se dirige a mí con el buda en la mano.
—Es precioso.
—¿Te gusta?
—Es lindo.
—Puedo darte muchas cosas como estás si aceptas ser mi amante. ¿Qué dices?
—¿De verdad?
—Por supuesto.
—Vaya, suena interesante.
—Tendrás todas las joyas que quieras. ¿Te gustaría tocarlo?
—¿Pue