Capítulo 18: Principios nublados.

Ana sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Todo cobraba sentido: la insistencia en que ella manejara, la vigilancia de Gabo, la ruta desviada…

— Y ahora… —continuó Gabo, ahogándose—, ese mismo desgraciado, al que le llenamos la mercancía tiene a Mateo. No es un secuestro cualquiera. Es un mensaje. Un seguro. Si la mercancía no llega intacta, si hago una cagada… — La voz se le quebró por completo. Los ojos se le llenaron de un líquido brillante que él se negaba a derramar—. Me lo devuelven
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