La decisión, una vez tomada, congeló el aire entre ellos. Ana no dejó espacio para más súplicas, para más desmoronamientos. La vulnerabilidad de Gabo era un arma peligrosa que podía quebrar su propia determinación.
—Tenemos que hacerlo ya —dijo, su voz recuperando una frialdad operativa que sorprendió incluso a Gabo. Era el tono de Natalia, el que usaba antes de una incursión arriesgada—. Cada segundo que estamos aquí parados es un segundo menos para Mateo y un riesgo mayor de que los chicos so