La luz del amanecer se filtraba suavemente por las cortinas, pintando rayos dorados sobre las sábanas revueltas. Natalia despertó lentamente, arrastrada desde las profundidades del sueño por una sensación de calidez que no recordaba haber sentido en años. Estaba envuelta en algo, rodeada, protegida.
Abrió los ojos con cuidado y descubrió que era él. Gabo. Su brazo rodeaba su cintura, su pecho presionaba suavemente contra su espalda, su respiración acompasada acariciaba su nuca. Estaba profundam