—¿Cómo que ya lo conseguiste? —preguntó, y su voz había perdido toda calidez—. ¿De dónde sacaste esa cantidad de dinero, Natalia?
Ella desvió la mirada, sintiendo que las mejillas le ardían.
—No puedo decírtelo.
—¿No puedes o no quieres? —Dio un paso hacia ella, acortando la distancia—. Porque una cosa es no querer, y otra muy diferente es no poder. Así que te pregunto de nuevo: ¿de dónde sacaste el dinero?
Natalia apretó la mandíbula, negándose a responder. Pero su silencio era más elocuente q