Ana se levantó con determinación, se duchó rápido, se vistió con su ropa de siempre y salió antes de que pudiera cambiar de opinión. El camino a La Esquina Negra fue un ejercicio de respiración profunda y pensamientos ordenados. Tenía que concentrarse. Tenía que ser Ana María, la profesora de baile. Nada más.
Cuando llegó al centro comunitario, el bullicio habitual la envolvió como un abrigo conocido. Los chicos ya estaban allí, calentando, riendo, esa energía contagiosa que siempre lograba sac