La necesidad de Lena fue un movimiento peligroso. “Profe, ¡tengo que hacer pipí ya! ¡No aguanto!”, gimió, contorsionándose en el asiento. Ana, cuya mente estaba sumergida en si habían encontrado el cargamento de Nariño y más la sombra de Gabo, decidió hacer la parada forzosa podía darle un momento para pensar, para respirar fuera de la presión de esa carretera opresiva.
— ¿De verdad no puedes aguantar un poco más? —preguntó, intentando sonar exasperada, no desesperada.
— ¡No! ¡Para nada! —insis