Leonardo y Ariana mantenían un silencio que pesaba más que cualquier palabra. Mientras las voces de ministros y diputados llenaban la sala con risas.
Ariana, con la vista fija en su copa, deseaba que la noche terminara de una vez. Podía sentir el calor de la mirada de Leonardo sobre su piel, esa mirada que no era afecto, ni simple molestia… era posesión, y ella lo sabía.
Cuando los últimos invitados comenzaron a despedirse, Leonardo se levantó, le ofreció su brazo, más por protocolo que por cor