Ariana respiró profundo, forzando una sonrisa.
—No hay necesidad, Leonardo —dijo con calma, evitando su mirada—. Puedo hacerlo sola, no es nada grave.
Su tono era suave, pero firme.
Leonardo la observó un segundo más, midiendo sus palabras. Había algo en su expresión, una chispa de independencia que, por momentos, le resultaba tan irritante como fascinante. Al final, asintió con lentitud.
—Como quieras cariño —dijo, y volvió a su asiento.
Mientras ella se alejaba con paso elegante, el murmullo