La tarde comenzaba a caer sobre la ciudad cuando Alex se recostó en el marco de la puerta de la oficina presidencial, observando a su hermano con una mezcla de paciencia fingida y hambre real.
—Dime que ya terminaste —dijo—. Porque si no comemos pronto, voy a empezar a morder gente.
Max no levantó la vista de los documentos.
—Exagerado.
—No es exageración —replicó Alex—. Es una advertencia. ¿Qué tal si vamos a comer algo? Muero de hambre.
Max pasó una página más, hizo una anotación al margen y