Alex cerró la puerta de la habitación con cuidado, como si el mínimo ruido pudiera despertarla… o despertarlo a él de lo que había ocurrido horas antes. El pasillo del penthouse estaba en silencio, alfombrado, elegante. Caminó unos pasos, se pasó una mano por el rostro y sacó el teléfono.
Marcó recepción.
—Buenas noches —dijo con voz firme—. Necesito que me suban la comida. Algo ligero… y ropa de mujer.
Hubo un segundo de silencio al otro lado de la línea.
—¿Talla? —preguntó finalmente el encar