Arrastraron a Mónica y a Ariana por el pasillo, ignorando los ruegos, las miradas desesperadas, el temblor en los cuerpos agotados. Ariana apenas podía sostenerse; su debilidad era evidente, pero eso no detuvo a ninguno de ellos.
Uno la llevaba del brazo con fuerza excesiva, otro empujaba a Mónica sin piedad.
La puerta de la habitación se abrió de golpe. Las arrojaron dentro.
Ariana cayó de rodillas, el impacto le robó el aire. Mónica tropezó y estuvo a punto de caer encima de ella, pero logró