La sonrisa de Emma se hizo aún más lenta, casi estudiada, como si le fascinara ver la furia ardiendo detrás de los ojos de Harry.
—Está bien, está bien… —cedió finalmente, levantando una mano como quien se rinde en un juego—. Sí fui yo.
Sus labios se curvaron—. ¿No te pareció digno de una película de acción?
La respiración de Harry se cortó. Sus dedos, ya tensos, se cerraron con más fuerza alrededor del brazo de ella. Emma dejó escapar un gemido suave, agudo, de dolor real.
—Maldición, Emma —gruñó él entre dientes, inclinándose hacia ella—. ¿Por qué carajo no me dijiste?
Ella soltó una risa suave y tiró de su brazo para liberarse, sacudiendo la muñeca como si fuera un simple malestar pasajero.
—¿Querías que me acercara a ella, verdad? —susurró, ladeando el rostro con una burla retorcida—. Pues eso estoy haciendo. —Dio un paso hacia atrás, su mirada brillando—. Es más… tendrás los mejores resultados.
Harry sintió que algo dentro de él se llenaba más de ira. Tomó la copa más cercana de