El caballo negro resopló con fuerza cuando Alex se acercó.
Era un animal imponente, musculoso, de mirada indomable. No parecía el tipo de criatura que aceptara órdenes sin medir primero a quien las daba.
Alex estiró la mano con calma, como si el tiempo no lo persiguiera, como si no estuviera a segundos de dinamitar una boda y declarar una guerra.
—Tranquilo, campeón —murmuró—. Solo será un paseo corto… prometo no matarte de aburrimiento.
Desde el auto, Max observaba la escena con una mezcla pe